Son culetes redondos, sonrientes, respingones, simpáticos, con ganas de hacerossoltar unas muecas
¿Cuántos de ellos creéis que pertenecen al mapa de mi anatomía?
Si estás ocios@, al final de esta página puedes entretenerte con los rinconcitos que a mí me entre-tienen encandilada
Son culetes redondos, sonrientes, respingones, simpáticos, con ganas de haceros
Ha sido en un soplo, visto y no visto.
Todo empezó al final de una primavera y han sido no sé cuantos veranos, y otoños e inviernos... tantas caricias, amores, despertares juntos, cuentos en la cama, canciones susurradas en sus orejitas, abrazos, besos y arrumacos...
Tantos caídas de bicicleta, de dientes, de la cama, en el parque, en el campo de fútbol...
Cuando nació y le vi, pensé que nunca amaría a nadie tanto como a él, lo que sentí al abrazarle fue... no os lo puedo contar, hay que inventar las palabras, no existen adjetivos...
Cada día cuando se va a la cama le digo "hoy te quiero el día que más de mi vida", y sin saberlo, cada día le miento, porque al día siguiente le quiero más y no sé ni cómo puede ser.
Y hoy miro sus zapatillas y son como las mías; las mías como las suyas:
La próxima lluvia se llevará su niñez y su adolescencia asomará con luz, como el sol.
Espero saber estar allí, a su lado, como hasta ahora, comprendiéndole y animándole y amándole.
(Ahora me voy al gimnasio y tengo una gran variedad de zapatillas para ponerme... ¡aysss!)


en el descenso más delicioso del día

El amor mueve
montañas...
seis horas y media
me moví yo
para llegar a ellas...
¿es atrevido
decir
que
es
el amor
quien
me vuelve
cazallera
montañera
aunque entregue
la cuchara?
Ella no se levantó de su cama en cuatro días.
La distancia entre coches se mide en color azul y el maquillaje de uñas es para sandalias de verano.
Los GR no son matrículas granadinas sino balizas para montañeros y domingueros como yo, en un intento de no extraviarnos en nuestro camino.
Nunca he plantado un árbol ni he escrito un libro, pero por primera vez colaboré en señalizar un camino que ocultará la nieve venidera, construyendo mi primer hito.
Fue la primera vez; la primera vez que vi un sarrio en su montaña, que escuché, en medio de un silencio que inundaba mis oídos, el ruido que provocaban sus saltos en las piedras.
La primera vez que supe que del calor al frío ante un sol espléndido hay un paso y que ropas húmedas deben ceder paso a las secas, aún a cambio de un tímido semidesnudo.
Que lanzar al aire la hojarasca del sendero, chapotear en los caminos encharcados de agua y cambiarme de tampax en medio de la caminata se tornan en un juego especial cuando mis pasos son precedidos por un experto lazarillo.
Que dormir mi cansancio entre tus caricias es un placer de dioses y que éstos últimos son los artífices que envolvieron al sol entre lazos de regalo para obsequiarnos con este día maravilloso.
Hoy ni siquiera protestan mis piernas y la quietud del lago de Estanés sigue tatuada en
mi retina.