
Cuando pienso en las cárceles en las que me podría haber tocado vivir
me siento una privilegiada.

Y las veo llegar a mi cole, cada día más tapadas, cada día más anuladas.
Os podría hablar de montones de anécdotas pero os comentaré el caso de una madre africana que llegó con sus hijos a mi cole hace unos diez años, de las primeras que se veían por aquí. Entonces vestía con unos ropajes coloridos, auténticos trajes de su tierra, con hombros descubiertos, vistosos, étnicos (a mí me encantaban). En la cabeza siempre llevaba un tocado con mucha gracia, como una especie de lazo grande. Ahora va vestida con colores mucho más oscuros y con un pañuelo tipo monja de clausura, negro y que le tapa literalmente hasta las cejas.
Parece como si compitieran entre ellas, entre las marroquíes y las africanas, a ver quien se tapa más... ¿o serán sus maridos quienes compiten a ver quién lleva a su mujer más tapada?
Y las niñas ya no esperan a tener la regla para ocultar el cabello, y no hacen natación en el período de E. Física del cole, y la administración permite que las evaluemos como si nada, como si no faltasen a ninguna clase.
Un día llegué al colegio con un jersey de lana que llevaba bordada una bandera americana bastante vistosa. Al día siguiente dejaron de saludarme toda una familia marroquí. Me retiraron el saludo definitivamente. Y yo era la tutora de acogida. Lo he sido durante casi 20 años. Este año lo he dejado . Estaba ya un poco aburrida. Y las quiero, quiero a mis madres inmigrantes, porque hemos convivido durante mucho tiempo. Pero me enfado con ellas. Con "ellos" no tengo ni siquiera la oportunidad de enrabiarme porque de la escuela pasan totalmente; sólo vienen cuando algo no comulga con su corán, a protestar y defender sus derechos. ¡La hostia!
Escuché esta música en el blog de El Secretario y me cautivó. La siento perfecta para esta entrada. (Secre, sé que esto es una copiada a toda regla, pero como no me ha visto el profe, me siento aprobada. Muá)
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