

Cogió entre sus manos nuestra cámara como quien coge una joya. La miró, se la acercó a sus ojos, se coló dentro de su alma y se ofertó como improvisado fotógrafo para inmortalizar mi cuerpo bronceado sobre la arena del mar.
Fue un reportaje rápido bajo la mirada complacida de mis dos amores.
Me convertí en modelo suya por unos minutos mientras el agua jugaba sobre mi piel, mientras la arena se colaba por mis recovecos, mientras la fuerza del oleaje me mecía sobre la arena mojada enmarañando mi cabello...
Me regaló su identidad y me invitó a una sesión fotográfica en regla para el día siguiente pero mi recelo ante un desconocido me obligó a desdeñar su oferta.
Sin embargo, sin cámaras ni objetivos, compartimos esa jornada de playa.
Terminadas las vacaciones regresé a mi hogar. Me interné en Internet y no di crédito al comprobar que había rechazado la oferta de convertirme en modelo por un día de un gran fotógrafo a nivel internacional con un currículo amplísimo de premios y galardones a sus espaldas.
Sin embargo guardo el grato recuerdo de haber compartido un pedazo de nuestros pensares y sentires.

Él se llama Richard Forster , un fotógrafo de Genève, famoso por su fotografía de desnudos, subacuáticos y retratos. Entrad y mirad...